Sosa ’98 o Pedro-Manny-David ’04: ¿Qué hazaña cautivó más al país?

La batalla por el jonrón versus el título de los Medias Rojas es un debate sin fin en la República Dominicana.
​Por William Perdomo
​Santo Domingo, R.D. – En República Dominicana, el béisbol es la médula de la identidad nacional. Dos gestas de las Grandes Ligas se disputan un lugar especial en el corazón de los dominicanos, cada una con un eco distintivo. Por un lado, la frenética carrera de jonrones de 1998 entre Sammy Sosa y Mark McGwire; por otro, la inolvidable hazaña de Pedro Martínez, David Ortiz y Manny Ramírez que, en 2004, puso fin a la legendaria «Maldición del Bambino» con los Medias Rojas de Boston.
​La pregunta que resuena hasta hoy es clara: ¿cuál de estos acontecimientos generó mayor interés e impacto en el país? Para responder, es necesario un viaje en el tiempo que reviva el contexto de cada uno de estos momentos históricos.
​El furor de 1998: Sammy Sosa contra McGwire
​A solo dos años de un nuevo milenio, la batalla por el récord de jonrones se convirtió en un fenómeno mediático que acaparó la atención global. La contienda entre Sammy Sosa y Mark McGwire, que superó la marca de 61 vuelacercas de Roger Maris de 1961, trascendió lo deportivo.
​En ese año, el país vivía en la primera gestión presidencial de Leonel Fernández y una economía que mostraba signos de crecimiento. Sin embargo, la nación también lamentaba la muerte de José Francisco Peña Gómez, una figura política influyente. La música más pegada la ponían Toño Rosario, Elvis Crespo y Sandy & Papo, mientras la nación seguía de cerca el épico pulso beisbolero.
​La carrera de jonrones llegó a su clímax en septiembre. El 7 de ese mes, McGwire igualó el récord con su jonrón 61 y, un día después, hizo historia con el 62. Sosa, en ese momento con 58, respondió con una racha inolvidable: el 11 de septiembre conectó el 59, el 12 llegó a 60 y el 13 se igualó con McGwire al pegar dos cuadrangulares (61 y 62). La batalla no tardaría en intensificarse.
​El 22 de septiembre, un suceso definitorio interrumpió la contienda: el huracán Georges, un devastador ciclón categoría 4, azotó la isla de La Española. Dejó más de 300 muertos y miles de personas sin hogar, pero ni el desastre pudo detener al oriundo de San Pedro de Macorís.
​Un día después, con los estragos del huracán todavía presentes, Sosa salió al campo y conectó dos jonrones (64 y 65). Fue un gesto que se grabó en la memoria colectiva dominicana, un intento de elevar el ánimo de su gente en medio de la tragedia.
A pesar de los masivos apagones, la población se las ingenió para seguir cada detalle de la batalla. El contraste entre la euforia deportiva y la tristeza del desastre natural se convirtió en un hito de la historia moderna del país. El béisbol, más que nunca, fue el símbolo de una nación que buscaba aliento.
​La lucha tuvo un desenlace dramático. El 25 de septiembre, Sosa pegó su jonrón 66, convirtiéndose en el primer jugador en alcanzar esa cifra, pero 27 minutos después, McGwire respondió con su propio cuadrangular 66.
​A pesar de que Mark McGwire concluyó la campaña con 70 jonrones, gracias a una exhibición de poder en los últimos dos juegos donde conectó cuatro cuadrangulares, el premio de Jugador Más Valioso de la Liga Nacional fue para el dominicano Sammy Sosa, quien terminó con 66.
​El milagro de 2004: La epopeya de Papi, Pedro y Manny
​Seis años más tarde, la historia nos presenta otro tipo de desafío: tres super estrellas dominicanas en un equipo con la más famosa maldición del deporte. Pedro Martínez, Manny Ramírez y David Ortiz se unieron para guiar a los Medias Rojas de Boston, una franquicia que no ganaba un campeonato desde 1918.
​El año 2004 fue uno de profundas adversidades para República Dominicana. En un año electoral durante el gobierno de Hipólito Mejía, el país enfrentaba una grave crisis económica, bancaria y energética. La tormenta tropical Jeanne había causado cientos de muertes, y los apagones eran la norma.
En este contexto, el deporte se volvió un escape: los batazos de «El Manny» y «Big Papi», los ponches de «Pedro el Grande» y la medalla de oro de Félix Sánchez en los Juegos Olímpicos de Atenas llenaron a la nación de orgullo.
​La temporada de los Red Sox fue una montaña rusa. El equipo, fortalecido con la incorporación del estelar lanzador Curt Schilling, en los playoffs barrió en tres juegos a los Angelinos de Los Ángeles en la serie de División de la Liga Americana, y llegó a la Serie de Campeonato con sed de venganza contra sus archirrivales, los Yankees de Nueva York.
Lo que siguió fue una de las remontadas más legendarias de todos los tiempos. Con una desventaja de 3-0 en la serie, una situación nunca antes superada en los playoffs, Boston, liderado por sus tres dominicanos, logró un milagro.
David Ortiz conectó un jonrón decisivo para evitar la eliminación, y esa victoria impulsó al equipo a ganar cuatro partidos seguidos, culminando en un triunfo épico en el Yankee Stadium.
​Con la venganza consumada, los Red Sox barrieron a los Cardenales de San Luis en la Serie Mundial, poniendo fin a la maldición de 86 años. Pedro Martínez ganó un juego del «Clásico de Octubre» con siete innings sin permitir carreras. Manny Ramírez fue el Jugador Más Valioso de la Serie Mundial, y el júbilo en República Dominicana fue total. Millones de dominicanos, cautivados por el trío de superestrellas, hicieron de la victoria de Boston su propia victoria.
​Veredicto final: ¿Cuál resonó más?
​Ambas historias son hitos monumentales, pero la batalla de 1998 entre Sammy Sosa y Mark McGwire tuvo un impacto mucho más profundo en República Dominicana. La proeza David, Ortiz, Manny Ramírez y Pedro Martínez de 2004 fue una victoria colectiva de tres compatriotas en la cúspide de las Grandes Ligas, pero la batalla de jonrones de 1998 fue la epopeya de un dominicano que competía por la gloria contra un ícono estadounidense.
​Esta narrativa resonó fuertemente en el país, especialmente porque ocurrió en un momento de crisis. El huracán Georges había devastado el territorio nacional, y cada jonrón de Sosa se convirtió en un símbolo de esperanza y resiliencia en medio de la tragedia.
A diferencia de la hazaña de 2004, la lucha de 1998 sirvió como una historia de redención colectiva que capturó la atención del mundo entero, poniendo a República Dominicana en el mapa global.
​¿Cuál de estos dos acontecimientos del béisbol crees que define mejor el espíritu dominicano?