Ráfagas noticiosas procedentes desde Haití.

Por Fernando Despradel

A cuatro años del asesinato del presidente haitiano por sectores poderosos de la media isla, en combinación con fuerzas oscuras internacionales, Haití parece hundirse más y más en un terrible pantano.
Se destaca que Puerto Príncipe está ocupado en más de un 90% por las poderosas pandillas, que cada día aparecen más preparadas con armamento militar de actualizada tecnología y logística para continuar dominando todo el territorio, sembrando muerte y desolación.
El efecto de las fuerzas militares internacionales lidereadas por los militares de Kenia ha sido casi insignificante.
En mayo pasado la junta que funge como gobierno provisional del país contrató a una pandilla de mercenarios, comandado por el ex militar norteamericano Erick Prince, sin que hasta la fecha registren avances en contener a las temibles pandillas haitianas.
En el plano diplomático desde diferentes foros se clama, se suplica y se grita hasta el hartazgo por la ayuda internacional que parece haber perdido la audición y el sentido de humanidad.
Desde Estados Unidos las noticias que llegan no son nada halagueñas, ya que el recurso legal que permite la residencia en dicho país de cientos de miles de haitianos quedará eliminado en estos días, lo que determinará que esta gran masa de haitianos deberá regresar pronto a territorio natal, con un doble efecto; una afectación sensible al volumen de remesas que recibe Haití, valuada en más de 400 millones de dólares al año y por otra parte, la reinsentación de un volumen de ciudadanos sin las más mínimas condiciones de alimentación y de seguridad en territorio haitiano.
Precisamente en esta fecha ardió en llamas uno de los más tradicionales hoteles de la capital haitiana, el Hotel Osford y lo más probable que la causa «no fuera accidental».
La analítica militar reporta que tanto las pandillas criminales, como la de los mercenarios disponen ya de «drones kamikase».
Ese detalle añade una dosis de preocupación a las fuerzas militares dominicanas.
En el tablero de la política internacional, como en el de las fuerzas que medran en la parte occidental de La Española no se percibe ningún cambio, que motorice una solución efectiva para el vecino país.
Abrigamos la esperanza de que «algo bueno» suceda y las ráfagas noticiosas se tornen más positivas en las próximas entregas.