Nos hemos transformados en fieras humanas.

Por Fernando Despradel
Un amigo me hablaba de que utiliza un contratista que cada vez que abre la boca salta una bola de fuego y cuando el amigo le llama la atención, éste se queja con el interlocutor «de lo sensible que está».
El contratista en cuestión golpea y araña cuando conversa en modo normal.
El amigo que lleva años tratando el espécimen me dice «no quisiera tu verlo cuando mínimamente está incómodo».
Miles de personas viven y se comportan de una manera, que la violencia es lo normal en sus expresiones y comportamiento.
Ayer precisamente dos ciudadanos trabajadores, con valores y reconocimiento de sus respectivas comunidades como personas «valiosas y productivas» no violentas, ni agresores, por un simple turno en una gasolinera, por una espera de pocos minutos, como pistoleros del viejo oeste desenfundaron sus pistolas resultando muertos los dos.
Ahora dispondrán de todo el tiempo para esperar en espacio desconocido.
Leía en un periódico una noticia sin mucha trascendencia de dos hombres jóvenes de 23 a 26 años resultaron muertos al enfrentarse con fuerzas policiales.
Con frecuencia publican noticias increibles, hermanos que matan hermanos, padre que extermina hijos o viceversa…por robo, herencia, locura, etc. y a veces por las razones más nimias, por no pagar un artículo de bajo valor, un préstamo insignificante y hasta por una mala jugada en un juego de dominó.
Ya los machetes no son armas exclusivas de los haitianos, existen sanguinarios criminales también dominicanos que la utilizan equipamiento regular.
Las discusiones en los hogares,  en los negocios, en las calles, en los colmadones se suceden en tonos altisonantes y ofensivos, degenerando en agresiones físicas.
Creo que debiéramos desde la tribuna que sea emprender una campaña abogando por la armonía y pacificación de nuestros familiares, compañeros de trabajo, relacionados y más que nada «empezar por nosotros mismos», tal vez estamos procediendo como el contratista aquel «lanzando bolas de fuego».