Los muchachos se reunen 55 años más tarde.

Por Fernando Despradel
Un sábado de éstos, los jóvenes de la Promoción 70 del Colegio Agustiniano nos reunimos en los hermosos jardines de la residencia de los Espaillat, en las proximidades de Villa Tapia.
Eso es puro Cibao, cerca de La Vega, Moca, Salcedo y un poquito más allá San Francisco de Macoris.
Promediando las siete décadas los jóvenes y las jóvenes están en excelentes condiciones físicas; hablan como pericos, cantan como ruiseñores y bailan como unos trompos.
Uno de ellos, practica el  motocross, aunque recurrentemente se le dice «que los respuestos de nosotros son caros y escasos, como de reliquias», pero el muchacho es un duro en eso de brincar por los montes en motores, Dios nos lo siga protegiendo.
Las atenciones de los anfitriones, comandados por la compañera Aura Espaillat y unas cervecitas animaron a los ex estudiantes agustinianos por cinco horas -que transcurrieron sin darnos cuenta- a contar y recontar travesuras, escenas de profesores, de alumnos.. y siempre salía a relucir una historia no contada perdida en el tiempo.
El grupo recoge una selección de profesionales que nos enorgullece, doctores de todas las especialidades, notables abogados, expertos en medio ambiente, hacendados,  ingenieros, políticos, músicos, profesores y hasta uno experto en seguridad electrónica.
En un momento dado para rememorar los viejos tiempos, uno de los del grupo sacó un paquete de avioncitos de papel y a darnos gusto tirando esos artefactos de papel…
Y ahí renacieron los cuentos, cuando un avioncito aterrizó en la melena de la profesora..
Recuerdo que cuando se iba a celebrar el enterramiento de una personalidad de La Vega me escabullía hasta el Cementerio Municipal porque seguro el panegírico estaría a cargo de uno de esos «picos de oro», el doctor Ramón González Hardy o el no menos discursivo,  doctor Hugo Alvarez.
Eran piezas oratorias que nos llevaban de la mano de la brillantez y virtudes del fallecido, hacían vibrar de penas y orgullo a los dolientes y no dolientes.
En nuestro grupo contamos con los mejores representantes de ellos, Ramón González Espinal y Hugo Alvarez  Pérez,  ambos con una oratoria que  seguro hicieron sentir   orgullosos a sus padres.
Momentos mágicos los que vivimos todos, con una comida tan sabrosa para nunca dejarla de saborear en el recuerdo.
Del grupo se nos han marchado a otro plano existencial, como un 30% del plantel original, en condiciones que podríamos catalogar de especiales.
Lo recordamos a todos, uno a uno y sentimos su presencia en la actividad.
En el Colegio prevalecía una corriente machista que se hizo sentir en la matrícula de la celebración; asistimos como 18 varones y 3 hembras, pero ellas se hicieron sentir más que todos.
Nos comportamos siempre como una gran hermandad y la ocasión no era para menos.
Ahora para aprovechar mejor el tiempo nos reuniremos dos veces por año y por decisión solemne e irrevocable de la anfitriona será en el mismo lugar, ese paraíso encantado de los Espaillat.
Esperamos repetir esta fresca y traviesa historia en una década, cuando celebremos el 65 aniversario.