Los insultos despiadados y trato irrespetuoso entre condómines.

Por Fernando Despradel

Un familiar cercano que reside en un condominio en el Residencial El Millón me mostraba en su celular textos «impublicables», rastreros e irrespetuosos, malas palabras extraídas del vocabulario más ofensivo y desconsiderado que haya visto jamás entre vecinos.
Creía que mi familiar se había equivocado de ubicación, me estaba mostrando la conducta de residentes en sectores infrahumanos, carentes de educación, prestos a utilizar la violencia como estandarte de vida.
En los contratos de ventas y/o alquiler los propietarios debieran incluir cláusulas de buen vivir y respeto, para evitar estos deplorables hechos, propios de rastreros e irrespetuosos.
La norma para los que vivimos en condominios es dar muestras de coherencia, respetar los derechos de los demás y actuar con «decencia como distintivo de convivencia».
En el edificio donde resido con mi familia hemos disfrutado de vecinos considerados y decentes, donde nunca hemos causado molestias por difundir música altisonante, ni ruidos molestosos de ninguna especie.
Cuando surge algún inconveniente en alguno de los apartamentos, mis vecinos nos colaboramos de la mejor manera y que recuerde, nunca ha surgido un disgusto u ofensa en nuestra comunidad.
Si actuáramos con decencia, consideración mutua, respeto y educación tuviéramos la sociedad que siempre hemos soñado.