Llegada la fecha. los nervios se disparan…

Por Fernando Despradel

Cada 16 de agosto se convierte en un caldo de cultivo para todo tipo de movimientos en el tren gubernamental.

En primer lugar, deben encontrarse aquellos ministros y directores generales que están conscientes de que no han hecho nada significativo en sus dependencias por lo que son los primeros candidatos a pasar al clan de los despedidos.

Me imagino que aquellas instituciones que han estado sometida a un fuego cruzado de cuestionamientos por hechos dolosos y procesos irregulares debieran ir recogiendo sus escritorios.

También los que por antigüedad deben ceder sus puestos a otros, las instituciones deben mover sus métodos y estrategias.

En los últimos días hemos escuchado denuncias de desfalcos en puestos oficiales.

El poder es maravilloso para quienes lo ejercen.

Dicen que es lo más cercano al disfrute celestial.

Puedes quedarte con una excelente situación financiera, que hasta tus descendientes en tercera generación lo disfrutarán, pero cuando pasas a la escala de un mortal regular, que suprimen el lambonismo y el aparataje a su alrededor, para quienes se acostumbran, es lastimoso y cada día de su existencia resulta de frustración y sufrimiento.

Pero…detrás de cada funcionario despedido entran en una situación de «cuerda floja» los personajes que ocupan altos puestos, casi saltan al unísono con el incúmbete, todos los familiares y aquellas botellas de empleados inservibles.

Una cadena de suplidores que a través de marañas se han convertido en suplidores oficiales, desde los contratos publicitarios, hasta el abastecimiento de «los materiales gastables».

Nervios, muchas tembladeras y fichas que han quedado sin habla en estos últimos días.

Ojalá sobrevivan a estos terremotos aquellos servidores serios, capaces y con vocación de servicios en las oficinas públicas.

De todas maneras, nuestros mejores deseos para que sobrevivan en sus puestos y «se ganen la posición »