La gente vota por el que le gusta, no por propuestas
Leonardo Gil, consultor en comunicación política y de gobierno
En el ideal democrático, los ciudadanos estudian las propuestas, comparan planes
de gobierno y votan racionalmente por quien tiene la mejor hoja de ruta para
resolver los problemas del país. Pero en la realidad de una campaña electoral y
sobre todo en el terreno emocional de la política local la lógica funciona distinto: la
gente vota por quien le gusta, no por quien presenta las mejores propuestas.
Este fenómeno no es nuevo, pero a menudo es subestimado por candidatos,
asesores y partidos que creen que con un folleto lleno de ideas basta para
conquistar el corazón del votante. La verdad es que las elecciones se ganan más
con conexión que con contenido, más con emociones que con estadísticas.
El votante común no se lee los programas de gobierno. No compara presupuestos
ni memoriza porcentajes. En cambio, observa al candidato, lo escucha, lo evalúa
emocionalmente: ¿me inspira confianza? ¿me cae bien? ¿parece alguien como yo?
¿lo veo capaz? ¿me representa?
Es ahí donde entra en juego lo que muchos asesores llaman “el voto sensorial”. La
gente vota por lo que percibe, por lo que siente, por cómo le hace sentir un
candidato. Si se ve honesto, si habla sencillo, si sonríe, si da la impresión de que
escucha, si parece firme pero humano. Esos detalles pesan más que cualquier
propuesta de ley, una mega construccion o un plan de asfaltado.
Esto no significa que las propuestas no importen. Importan, pero no como los
técnicos creen. Las propuestas son útiles como justificación post-emocional: una
vez me gusta alguien, busco razones para convencerme de que votar por él o ella es
una buena decisión. El votante rara vez parte de la propuesta hacia el candidato;
más bien elige al candidato que le gusta, y después cree en su propuesta.
En campañas locales esto se intensifica. La cercanía hace que el trato, la presencia
en la comunidad, el saludo en la calle, tengan más peso que los programas de
gobierno. A veces un apretón de manos sincero vale más que una conferencia de
prensa. Por eso, el candidato que se encierra a elaborar documentos técnicos, pero
no sale al barrio ni construye una imagen cercana, está perdiendo la verdadera
batalla.
A pesar de IA, de los algoritmos, y de las redes sociales, la política, al final, es
humana. Las campañas exitosas son aquellas que logran conectar emocionalmente
con el votante, que construyen empatía, simpatía y credibilidad. La gente no vota
por ideas frías. Vota por personas que le agradan, le inspiran y le generan
confianza. Eso, más que mil promesas, es lo que decide una elección.
