La ciudad que va perdiendo sus depósitos de recuerdos

Por Fernando Despradel

Laura paseaba con sus dos hijas, Mary de 3 años y Josefina de 5 por una transitada calle de Los Prados y de pronto las emociones la asaltaron al pasar por determinado lugar, había nacido y crecido en ese lugar, quiso mostrarle la casa a sus dos princesitas; en cambio encontró un lugar desolado, con algunos escombros todavía.
En breve se convertiría en una torre residencial.
Al observar detenidamente un rincón descubrió su casita de muñecas, que aún conservaba su donaire, la pintura en varias tonalidades se conservaba casi intacta.
A poco divisó el vigilante del solar y le explicó que era la antigua propietaria del lugar y quería recuperar «su casita de muñeca» y le ofreció una recompensa al cuidador para que le ayudara en su propósito.
Recordaba los juegos de muñecas con sus amiguitas vecinas, sus cumpleaños..
Y lo ahora le retumbaba el pecho de la emoción,  el día que su padre la condujo hasta el rincón del patio, halando una lona, dejando al descubierto su bella casita, quedado enmudecida de la emoción.

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