El dolor ajeno.. No es tan ajeno, ni tan lejano.
Por Fernando Despradel
Un mal día la mujer que hace trabajos domésticos desde hace décadas en la casa de un hermano nos visitó con el rostro que reflejaba un sufrimiento que no le permitía ocultar sus penas.
Nos contó toda una historia de sufrimientos de su esposo Francisco, quien es chofer de profesión y conduce una fuegoneta para una empresa distribuidora de embutidos.
Desde hace meses sufre de unos dolores insoportables que lo mantenían postrado en su hogar, incapacitado de manejar.
Al hacerle unos estudios tomográficos salió a relucir una enorme masa entre los riñones.
Al estudiar el tipo de tumor se determinó que extirparlo resultaría una solución pasajera, dejarlo sería catastrófico.
La operación resultó exitosa, aún ejecutada en un hospital público.
El viacrucis apenas iniciaba, la biósis determinó que el tumor era cancerígeno.
Arribar a las cinco de la mañana y todavía a las 4 de la tarde no entrar a la consulta en el hospital oncológico es lo más normal.
Para una familia de recursos sumamente limitados la cantidad de análisis que cada especialista ordena es inaguantable para una frágil economía de una familia muy humilde.
En apenas dos semanas han visitado tres especialistas, rebotando como una pelota en un tobogán.
Hoy no sabemos si será referido a otro especialista o finalmente le establecerán un tratamiento.
Bien se cumple el enunciado de que esta despiadada enfermedad extingue la vida del afectado, destruye la resistencia de sus allegados y la economía de la familia queda debastada.
