Cuando las lluvias benditas se convierten en un inmisericorde castigo.

Por Fernando Despradel

Tireo es un municipio adscrito a Constanza, distante a uno 10 a 15 kilómetros.
La pujanza de esta comunidad está a la vista, extensos campos coloreados de verde, con una variedad de legumbres y tubérculos que la sitúan entre las zonas más productivas de todo el país.
Papas, zanahorias, repollos, cebollas, lechugas, remolachas y otros conforman el menú productivo de esta bonita zona enclavada entre montañas y atravesada por el río del mismo nombre Tireo, de origen taíno.
Este río que es la fuente fundamental para el reguío de los terrenos cultivables, es fuenta acuífera alimentadora de la presa de Pinalito.
Regularmente vemos este riachuelo disminuído a su mínima expresión, convertido casi en cañada.
Mayo ha cumplido su proyección de mes lluvioso y cada día del mes ha llovido con intensidad en esta región, acrecentando el caudal y la presión del río convertido en una fuerza destructiva que se ha llevado puentes, casas y arrasado con parcelas, acrecentado las pérdidas catalogadas como millonarias por los evaluadores calificados.
Debemos destacar que el progreso de esta municipalidad se siente sólo al desfilar por la angosta carretera sembrada de lado a lado de impresionantes edificaciones comerciales, incluida una plaza comercial.
Como en todas las ciudades de la nación, el urbanismo de calidad y el hacinamiento socaban las ricas áreas de producción, sin que haya una definición de las autoridades municipales de «uso de suelo», que detenga este cáncer que cada año va socabando la cantidad de terrenos cultivables.
Ojalá que la recuperación de Tireo venga esta vez de la mano de soluciones de largo plazo y resulte oportuno para revisar el tema de la pérdida de terrenos agrícolas por la agresiva invasión urbanística.