Clases en el hogar de los muertos

Por Fernando Despradel
Un centro educativo en la comunidad de Blanco Arriba de Tenares, provincia Hermanas Mirabal lleva años y años en construcción, con un porcentaje muy bajo de avance.
En tanto, los maestros han hecho de «tripas corazón» para cumplir con su sagrado deber.
Las autoridades le han cedido el local de una funeraria comunitaria para utilizarla como escuela.
Por lo menos, han suspendido los velatorios de fallecidos mientras el local sirve de alojamiento a numerosos estudiantes.
Un facultativo al ser consultado por este comunicador sobre el posible riesgo de que una bateria patógena pudiera ocasionar enfermedades entre los ocupantes provisionales de la funeraria, me expresó que el riesgo era inexistente, más si limpiaron y desinfectaron bien toda la edificación.
Los fallecidos que no pudieron alojarse en esa «vivienda de tránsito » por unas cuantas horas, para unas honras fúnebres con lucidez y recogimiento, debieran sentirse honrados y orgullosos donde estén por ese crucial desempeño en la educación de esos niños.
Ojalá las actuales autoridades educativas del país trabajen más afanosamente este aspecto y no se presente cada año este terrible problema del déficit de aulas para alojar a cientos de niños, que deambulan como los espíritus de escuela en escuela por encontrar cupos.