Algo no está bien en el patio y no aparece el chapulín colorao.
Por Fernando Despradel
El expresidente Danilo Medina en una de sus escasas alocuciones manifestó con mucho brío que su régimen destituiría a cualquier funcionario público, por ser señalado únicamente por el rumor público.
Del dicho al hecho existe un gran trecho.
A pesar de sus innegables logros en muchos aspectos de su ejercicio gubernamental, la rampante corrupción lo arropó y le costó el triunfo electoral en 2020.
Precisamente este gobierno cuyo estandarte fué la transparencia y la batalla innegociable contra los corruptos, muchos sectores populares y de innegable influencia «ya no lo perciben asi».
Solamente en los casos muy sonoros que se han presentado, como el expediente del Instrand-Transcore, los resultados a final de cuentas no resultaron del todo claro, quedando muchos aspectos por definir y los principales imputados desarrollan su vida normal, como si nada hubiera ocurrido.
Desde hace unos dias suena el caso del contrato de Dekolor, la empresa que maneja la emisión de los carnets de licencia de conducir.
Escucho algunos usuarios cercanos a mi, de diferentes edades, por lo que han experimentados diferentes procesos para renovar su licencia y los testimonios resultaron muy halagueños.
Ahora resulta que la empresa tenedora del contrato ha ofrecido sobornos por sumas millonarias, amén de amenazas y otras linduras, en retrospectiva a la época de Alcapone y otros angelitos.
Paralelamente se destapó una olla de grillos con la omisión en la declaratoria de activos del director de la dependencia de una villa en territorio norteamericano valorada en todos los dólares del mundo.
Así las cosas, en el programa de El Informe de la veterana periodista Alicia Ortega semanas atrás se expusieron una serie de irregularidades de alto calibre en el Inabie, en los contratos de adquisición de uniformes, zapatos, mochilas y otros útiles escolares.
Quedaron tan bien expuestas las irregularidades en El Informe que no había que investigar nada más, servido en bandejas de plata al Ministerio Público.
Sorprendido estoy, como un sinnúmero de ciudadanos de que las cosas siguen «como si nada» en dicha institución, como si las irregularidades fueran tan insignificantes, que no valieran la pena hacer nada.
Al escribir estas líneas se destapa con algarabías «La Operación Lobo» -faltó caperucita- de unas pandillas de militares de alto rango haciendo travesuras, colocando vigilantes privados en oficinas públicas a diestra y siniestra, a cambio de jugosas comisiones.
Se dirá que negociaciones de «libre comercio».
Este gobierno debe sacudirse sino la corrupción, con su gran manto arropará todo y a los ciudadanos bobos -en el grupo que me incluyo- expresaremos,» y entonces, quién
nos salvará, será el chapulín colorao».
